LIBROS CONTABLES EN EL PERU
• ¿Cuáles son los principales Libros contables que tienen obligación de llevar las empresas en nuestro País?
- Libros Contables obligatorios: Libro diario. Libro de inventarios y Cuentas anuales.
- Libros Mercantiles obligatorios: Libro o libros de actas. Libro registro de socios.
- Libros Fiscales obligatorios: Libros de IVA (si corresponde)
• ¿Quién controla los libros contables en el Perú?
El mes de abril, además de las obligaciones fiscales de cada trimestre, incluye del plazo para la legalización de los libros contables en el Registro mercantil (del 1 al 30). Se legalizan los ejercicios que se hayan cerrado a 31 de diciembre. La legalización consiste en el depósito de los contenidos contables para su custodia y su consulta, puesto que se trata de un registro público.
• ¿Cuáles son los principales tributos que pagan los contribuyentes en el Perú?
- Impuesto a la Renta. ...
- Impuesto a la Renta. ...
- Impuesto General a las Ventas (IGV) ...
- Impuesto a las Transacciones Financieras. ...
- Impuesto Temporal a los Activos Netos.
- Impuesto General a las Ventas - IGV. ...
- Impuesto a las transacciones financieras. ...
- Impuesto temporal a los activos netos.
BIOGRAFIA DE JACK KILBY
El 12 de Setiembre de 1958 en los laboratorios de la compañía Texas Instruments, un joven ingeniero llamado Jack Kilby aplicó un pequeño voltaje eléctrico a un tosco pedazo de un material (germanio) sobre una base de vidrio, en la pantalla de un osciloscopio conectado al pequeño dispositivo y en frente de sus compañeros y sus superiores una onda sinusoidal se dibujo demostrando que aquel tosco artilugio, el cual contenía un transistor, algunas resistencias y un condensador, funcionaba según lo que había planeado aquel joven genio… Había nacido el primer circuito integrado de la historia y junto con él una revolución que marcó para siempre el desarrollo del hombre como especie sobre la faz de este planeta.
Muchos dirán seguramente “qué tiene de fantástico un circuito integrado?”… Pues les diré primero cual era la realidad acerca de la tecnología a mediados de los años 50´s. Ya existían computadoras claro, es más, gracias a la gente de los Laboratorios Bell existían los transistores (esos pequeños dispositivos hechos de materiales semiconductores que habían reemplazado a los tubos de vacio), los cuales también permitieron grandes avances en el campo de la electrónica; por citar un ejemplo las radios o los televisores ya no dependían de los anticuados “bulbos” o “tubos” para funcionar, los equipos eran más pequeños, comsumían menos energía y luego de varios años de desarrollo y perfeccionamiento en los procesos de fabricación de estos transistores (y los demás componentes electrónicos) eran más baratos, más asequibles al público; pero no sucedía lo mismo con aquellos equipos que necesitaban cientos o miles de transistores para funcionar (así es, hablamos de las primeras grandes computadoras). Estos equipos seguían siendo prohibitivamente caros para las grandes empresas, ni que decir para el público en general, sólo los gobiernos más importantes del mundo o aquellas empresas gigantes podían contar con ellas y el desarrollo de la ciencia se veía obstaculizado por ese “pequeño” detalle. Imagínense el trabajo manual que implicaba soldar entre si o a una tarjeta de circuitos la enorme cantidad de componentes electrónicos necesarios, era un verdadero trabajo artesanal. Es así que dentro de este contexto muchas de las más importantes empresas de tecnología del mundo estaban a la caza de una solución práctica a este verdadero problema y la gente de Texas Instruments no era ajena a la busqueda de aquella solución.
Jack Kilby era un joven ingeniero recién integrado al staff de desarrollo de la Texas Instruments alla por 1958, este equipo tenía como misión el resolver el problema de los altos costos de fabricación de circuitos electrónicos, así que mientras muchos de sus compañeros más veteranos disfrutaban de unas merecidas dos semanas de vacaciones en julio del mismo año Mr. Kilby estaba perfeccionando los diagramas esquemáticos de un dispositivo que llamó “Micromódulo” y que básicamente consistía en un circuito de material semiconductor que integraría en su diseño no uno sino varios componentes electrónicos, de manera que eliminaba la soldadura entre estos componentes.
Su diseño inicial se convirtío en un prototipo de pruebas el cual fue puesto en funcionamiento el 12 de setiembre de 1958 con éxito. El resto es simplemente historia ya que el avance que implicó integrar en un sólo módulo o componente varios elementos electrónicos sirvió de guía para la revolución tecnológica que marcó el final del Siglo XX y que 50 años después aún sigue afectando nuestras vidas de las formas más evidentes e inimaginables a la vez.
Te has puesto a pensar en todas las formas en las que el modesto invento de aquel jovén ingeniero ha significado para el desarrollo de nuestra sociedad hasta el día de hoy?, no? … Bueno te puedo comentar sólo algunas para que mires de otra manera lo que hizo. Para empezar usas una computadora para leer este blog, la cual contiene millones de transistores en su procesador principal, sin contar los cientos de miles más que estan repartidos en el resto de tarjetería que conforman el hardware de la misma; tienes un precioso celular el cual seguramente te permite disfrutar de música mp3 y de fotos que envias por MMS a tus amigos o familiares (si mi estimado/a, acertaste, también contiene circuitos integrados dentro), tu Play Station también, el auto de tu papá o el tuyo, la lavadora que tu mamá usa en casa, el televisor de la sala, los satélites que te permiten disfrutar del cable en ese televisor tan bonito y que llevan la señal de tu canal favorito (y la voz de aquel ser querido que esta trabajando tan lejos de casa) desde otro continente, aquel avión que te llevó en tus vacaciones vuela gracias a los miles de circuitos integrados en sus equipos electrónicos, los radiofaros de los aeropuertos, los semáforos que controlan el tráfico en las calles de nuestras ciudades, sin contar aquellos que permiten el funcionamiento de equipos médicos en los hospitales e incluso en las ambulancias que salvan tantas vidas día a día, los equipos de apoyo vital como marcapasos cardiacos o maquinas de hemodiálisis, incluso aquella nave espacial que llevó a dos hombres por vez primera a posar sus pies sobre la superficie de otro mundo, lejos de la tierra, también contaba con circuitos integrados en sus computadoras… en fin, la lista es enorme y podría seguir ennumerando equipos que cuenten con este grandioso invento el cual permitió encapsular en un pequeño dispositivo aquellos componentes tan necesarios para que la magia de la electrónica trabaje de manera casi imperceptible.
En el año 2000 el Ingeniero Jack kilby recibió el Premio Nobel por sus aportes a la humanidad y de manera humilde se refirió a si mismo de la siguiente manera: “Esto me recuerda al castor que le dijo al conejo al pie de la Represa Hoover: No, no lo hice yo sólo, pero lo hicieron en base a mi idea” y acto seguido dijo: “Me siento verdaderamente complacido de haber contribuido de una pequeña forma a convertir el potencial de la creatividad humana en una realidad práctica”…
El prefirió siempre ser conocido como ingeniero más que como científico, en sus propias palabras: “Existe una pequeña gran diferencia, un científico está motivado por el conocimiento. El básicamente quiere explicar algo. Un ingeniero resuelve problemas y hace que las cosas funcionen. La ingeniería o al menos la buena ingeniería es un proceso creativo”…
Algo que cientos de ingenieros en todo el mundo deben tener siempre presente, el legado de aquel hombre que cambió para siempre la historia de la humanidad…
BIOGRAFIA DE LUC MONTAGNIER
Hijo único del contable Antoine Montagnier y de Marianne Rousselet, desde muy joven se interesó por la ciencia a través su padre, quien instaló un laboratorio en el sótano de la casa familiar. A la edad de catorce años, la pasión de Jean-Luc por el trabajo de laboratorio le llevó a realizar experimentos con nitroglicerina. Cursó el bachillerato en el colegio de Châtellerault, y estudió medicina y biología en las universidades de Poitiers y de París. Tras obtener la licenciatura (1955), fue profesor asistente de fisiología en la Facultad de Ciencias de París. Paralelamente continuó sus estudios y obtuvo el doctorado en medicina por La Sorbona en 1960.
Ese mismo año ingresó en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS, en sus siglas en francés) de París, y continuó su formación como médico investigador en Reino Unido estudiando los mecanismos de replicación de los virus en el ácido ribonucleico (ARN). Durante ese período desarrolló sus investigaciones en el Medical Research Council de Carshalton, Londres (1960-1963), y en el Instituto de Virología de Glasgow, Escocia (1963-1964).
A su vuelta a Francia (1965) fue designado director de laboratorio en el Instituto del Radio de París (centro que, en honor a Marie Curie, pasó a denominarse Instituto Curie en 1970) y comenzó a estudiar los retrovirus, especialmente el del sarcoma de Rous. En 1971 recibió el premio Rosen de oncología en reconocimiento por su trabajo en la batalla contra el cáncer, y al año siguiente fue nombrado director de la recién creada Unidad de Oncología Viral del Instituto Pasteur. Desde 1974 compaginó este puesto con el de director de investigación en el CNRS.
El descubrimiento del VIH
En la década de 1980, la aparición de una nueva enfermedad, el llamado síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), empezaba a causar una gran alarma social, al desconocerse los mecanismos de transmisión y la terapia a seguir en caso de producirse una infección. En 1982, Montagnier creó un equipo en el Instituto Pasteur para investigar esta nueva entidad patológica. Este equipo, del que también formaban parte Françoise Barré-Sinoussi y Jean-Claude Chermann, logró en 1983 aislar y describir el virus de inmunodeficiencia humana (VIH).
El virus, que procedía de un ganglio de un paciente infectado con sida, fue bautizado en un primer momento como LAV (virus asociado a linfoadenopatía), y no sería hasta 1986 cuando finalmente se admitiría como primer VIH-1. El equipo de Montagnier publicó el hallazgo en el mes de mayo en la revista Science, proporcionando además una prueba de sangre que posibilitaba la detección de los anticuerpos del virus. En este artículo se señalaba que el paciente del que procedía la muestra no tenía aún los síntomas típicos de la enfermedad, pero los investigadores creían que el virus era el agente responsable del sida.
En 1984, sin embargo, en el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, el laboratorio dirigido por Robert Gallo anunció a su vez haber identificado la causa del sida, un retrovirus bautizado como HTVL-III. Este anuncio fue el principio de una larga controversia sobre la paternidad del descubrimiento: según Montagnier, Gallo no había hecho más que redescubrir el virus, puesto que la secuencia del LAV y la del HTVL-III eran idénticas.
La polémica entre los dos equipos también tenía que ver con las patentes derivadas de este hallazgo, y en particular con los futuros beneficios que iban a proporcionar las patentes de los análisis de sangre para detectar el VIH. Esta disputa no quedó zanjada hasta 1987, cuando el presidente estadounidense Ronald Reagan y el primer ministro francés Jacques Chirac mediaron para alcanzar un acuerdo entre el Instituto Pasteur y el Instituto Nacional de la Salud (NIH) de Estados Unidos sobre el reparto de beneficios.
En cuanto a la autoría del descubrimiento, por el momento la conclusión fue conceder a los dos máximos protagonistas de la controversia, Montagnier y Gallo, el mérito del hallazgo. En 1988 ambos científicos publicaron un artículo conjunto en Scientific American que parecía acabar con la polémica, pero en noviembre de ese año el diario Chicago Tribune descubrió que los trabajos de Gallo se basaban en muestras de sangre que le habían sido enviadas por Montagnier. El asunto estaba ya siendo investigado por la Oficina de Integridad Científica del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos, que dictaminó que Gallo había realizado un fraude e incurrido en mala conducta. Nuevamente, en 1992 un informe del Departamento de Salud de Estados Unidos dio la razón al virólogo francés. El fallo final e inapelable llegó con la concesión del premio Nobel de Medicina en 2008: el galardón fue a parar al equipo francés, y a Gallo sólo se le dedicaba una discreta mención en el texto que detallaba el descubrimiento.


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